Los sistemas de protección contra incendios se agrupan en medidas de prevención, sistemas de detección y alarma, protección activa, que actúa directamente sobre el fuego, y protección pasiva, que limita su propagación. Un edificio bien protegido combina las cuatro según su riesgo de incendio.
Pensar en capas ayuda a detectar huecos: un inmueble con extintores pero sin puertas cortafuego, o con detectores pero sin rutas de evacuación señalizadas, deja expuestas a las personas en la etapa que no se cubrió.
El objetivo común es actuar desde el conato de incendio: prevenir, avisar a los ocupantes, controlar el fuego con los sistemas de extinción —extintores, bocas de incendio equipadas, rociadores, espuma o polvo químico— y contener el humo y los gases tóxicos para minimizar daños y pérdidas.